43 IncluCims a l’Alta Ribagorça

Hay excursiones que se quedan grabadas en la memoria no solo por los paisajes, sino por la gente con la que compartes el camino. La Fundación Antonio Cabré, junto a la Fundación ONAT, organizó una caminata en La Alta Ribagorça. Un trayecto en autocar nos dejó en el camping donde dormiríamos. Tras instalarnos, dedicamos la tarde a explorar el pueblo cercano y calentamos motores para lo que sería el plato fuerte del día: la llegada de los chicos de la ONAT. Sacamos mesas y preparamos la cena para compartir todos juntos. No faltaron las risas y las sonrisas durante los encuentros; poder conversar y compartir con ellos fue una de las mejores partes de la noche.

Al despedirnos de los chicos de la ONAT tras la cena, los más jóvenes del grupo decidimos exprimir el día un poco más y subimos hasta el mirador. Alejados de las luces, nos tumbamos a mirar las estrellas. De vuelta a los bungalows de madera, algunos incluso se animaron a estirar los sacos para dormir al aire libre.

A la mañana siguiente, con el frío del amanecer y el entusiasmo intacto, nos levantamos listos para ponernos las botas y reunirnos de nuevo con el equipo de la ONAT. Nos esperaba la caminata, el verdadero reto de la excursión.

Tras un corto pero intenso viaje hacia nuestro destino, La Alta Ribagorça, volvimos a reunirnos con los chicos de la Fundación ONAT, quienes nos recibieron con mucho entusiasmo. Además de reencontrarnos con ellos, también tuvimos la oportunidad de conectar y compartir esta maravillosa mañana con otros chicos.

Allí pudimos disfrutar del espléndido paisaje de montaña y de un sol que nos acompañó durante toda la jornada. No faltaron las risas, las canciones ni las conversaciones animadas. Fue un momento en el que conectamos: ellos con nosotros y nosotros con ellos. Conocimos a nuevos chicos y juntos disfrutamos de esta caminata.

Tristemente, no logramos llegar a la cima, pero eso no nos importó, porque ese no era el objetivo. La meta era pasar un buen momento y disfrutar de la compañía.

Al bajar y llegar al punto de partida, pudimos observar animales, como vacas y perros, que parecían disfrutar del buen tiempo y del paisaje tanto como nosotros. Nos despedimos de los chicos con tristeza, aunque sabíamos que no era un adiós, sino más bien un hasta pronto.

A la hora de comer, volvimos al pueblo y recuperamos fuerzas, preparados para el camino de vuelta que nos esperaba en autocar. Allí descansamos: algunos durmieron, mientras que otros conversaron y compartieron sus impresiones sobre la actividad. Sin embargo, poco a poco, el cansancio pudo con todos y finalmente acabamos quedándonos dormidos.

Volvimos descansados, pero sobre todo felices de haber vivido una experiencia tan especial y de haber conseguido aquello que realmente nos habíamos propuesto: compartir momentos, conectar con los demás y crear recuerdos que, sin duda, nos acompañarán durante mucho tiempo.